Este blog fue realizado por los alumnos de Primer Año "A" del Colegio Santa Inés de General Pico (La Pampa) en el marco del Concurso Nacional 2013 "Los Bicentenarios y San Martín". El trabajo se realizó entre distintos espacios curriculares con la participación de las familias, el fin principal es que los estudiantes aprendieran la obra del Padre de nuestra Patria y a su vez, compartieran con otros pares la labor realizada en el colegio.
lunes, 23 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
17 de Agosto
El 17 de agosto recordamos la figura del General San Martín, eligiendo esa fecha por coincidir con el día de su fallecimiento. La personalidad de este prócer nos brinda posibilidades de “abrir” su recordación desde diferentes miradas. Fue militar, administrador, diplomático, político, se preocupó por el desarrollo de la cultura y las artes ya que en momentos libres fue pintor (diseño la bandera de Perú y pintó con acuarelas sobre papel)
Palabras del General
En la proclama que firmo en Pisco, el 8 de septiembre de
1820, San Martin decía a los soldados de su Ejército Libertador:
“Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino, y solo falta
que el valor realice la obra de la constancia; pero recuerden que nuestro gran
deber es consolar a la América, y que no venimos a hacer conquista, sino a
libertar a los pueblos que han gemido trescientos años el bárbaro derecho. Los
peruanos son nuestros hermanos y amigos; ábranselos como a tales y respeten a
los chilenos después de la batalla de Chacabuco”.
“La ferocidad y la
violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad; y si, contra
todas mis esperanzas, alguno de nuestros olvidase sus deberes declaro desde
ahora que será inexorablemente castigado conforme a los siguientes artículos:
1.
Todo el que robe o que tome por violencia el dinero o las propiedades del
enemigo será pasado por las armas.
2.
Todo el que derrame una sola gota
de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena del
talión: ojo por ojo, diente por diente.
3.
Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos,
será castigado hasta con la pena de la vida, según la gravedad de las
circunstancias.
4.
Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país será
castigado en los mismos términos que
previene el artículo anterior “.
“¡Soldados: Recuerden que toda América
nos contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que
acrediten la humanidad , el coraje y el honor que nos ha distinguido siempre,
donde quiera que los oprimidos han implorado nuestro auxilio contra los
opresores. El mundo envidiara nuestro destino si observan la misma conducta que
hasta aquí; pero desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo
a sus compañeros de armas! Yo lo
castigare de un modo terrible y desparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.”
El Testamento
Fechó su testamento ológrafo en París el 23 de enero de 1844, dejando como única heredera a su
hija Mercedes de San Martín, casada con Mariano Balcarce que ejercía como embajador argentino
en París.
Entre sus cláusulas establecía:
·
Que Mercedes
otorgue a su tía María Elena una pensión hasta su fallecimiento.
·
Que a la
muerte de María Elena le otorgue una pensión a la hija de ésta, Petronila.
·
Que su sable
corvo favorito, el de las batallas de Chacabuco y Maipú, fuera
entregado al gobernador porteño Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción
que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor
de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que
trataban de humillarla.
·
Prohibió la
realización de funerales y de acompañamientos hasta el cementerio, pero sí
desearía que mi corazón fuese sepultado en Buenos Aires.
El retiro
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Vuelto a Mendoza en enero de 1823. Pidió autorización para regresar a Buenos Aires y reencontrarse con su esposa que estaba gravemente enferma. Bernardino Rivadavia, ministro de gobierno del gobernador Martín Rodríguez, se lo negó argumentando que no sería seguro para San Martín volver a la ciudad. Su apoyo a los caudillos del Interior y la desobediencia a una orden que había recibido del gobierno de reprimir a los federales, le valió que los unitarios quisieran someterlo a juicio.
Al empeorar la salud de su esposa, decidió viajar a Buenos Aires. Al llegar, su mujer ya había fallecido el 3 de agosto de 1823.
Al llegar a Buenos Aires, decidió marcharse del país con su hija, quien había estado al cuidado de su abuela. Su única obsesión era la educación de su hija Mercedes.
El 10 de febrero de 1824 partió hacia el puerto de El Havre (Francia). Tenía 45 años y era generalísimo del Perú, capitán general de la República de Chile y general de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Luego se instalaron en Bruselas y poco después en París.
Ofreció sus servicios a las autoridades argentinas con motivo de la guerra con Brasil, sólo después de la renuncia de su despreciado enemigo Rivadavia a la presidencia; pero la guerra ya había prácticamente terminado.
En marzo de 1829 intentó regresar a Buenos Aires, al saber que había vuelto a estallar la guerra civil, permaneció a bordo de incógnito, aunque fue descubierto.
Durante los años que duró su exilio, San Martín mantuvo contacto con sus amigos en Buenos Aires, tratando de interiorizarse de lo que sucedía en su país. En 1831 se radicó en Francia, en una finca de campo cercana a París. Por esos años tiene lugar su afortunado encuentro con su antiguo compañero de armas en el ejército español, Alejandro Aguado, marqués de las Marismas del Guadalquivir, quien, convertido en un exitoso banquero, designó a San Martín tutor de sus hijos, con una generosa paga. Tres años más tarde y gracias al dinero ahorrado trabajando con su amigo y gracias a la venta de las fincas con que lo habían premiado el gobierno de Mendoza y el de Perú, se mudó a una casa que compró en Grand Bourg.
Batalla de Maipú
Las fuerzas patriotas, una vez reorganizadas, derrotaron de manera
rotunda al ejército realista cerca del río Maipú el 5 de abril de 1818. En ese
momento, se aseguró la libertad chilena.
Cruce de Cancha Rayada
Los realistas pudieron evacuar sus fuerzas hacia el sur de Chile. Allí
recibieron refuerzos del Perú y se ganaron el apoyo de los indios araucanos. La
noche del 19 de marzo de 1817 sorprendieron al Ejército de los Andes y
destruyeron gran parte de la organización militar patriota. San Martín fue derrotado.
Cruce de Chacabuco
Las tropas realistas al mando del general Rafael Maroto, paradas junto al
cerro de Chacabuco,
impedían el paso del Ejército de los Andes hacia Chile. Pero el 12 de febrero
de 1817 los patriotas, dirigidos por San Martín, arrollaron a los realistas,
que tuvieron más de 500 muertos. Dos días después, las tropas del Libertador
entraron en Santiago. Un
Cabildo Abierto le ofreció el gobierno pero él no lo aceptó. Después del
triunfo, el 11 de marzo viajó a Buenos Aires, donde fue recibido con honores.
Cruce de los Andes
El 19 de enero de 1817 se inició el cruce de la Cordillera de los Andes.
El Ejército de los
Andes, formado en El Plumerillo (a 7 kilómetros de Mendoza por la ruta
provincial 40 hacia el norte), abandonó el campamento e inició el cruce de los Andes por los pasos de
Los Patos y Uspallata. Estas vías abruptas aseguraban el factor sorpresa. El
cruce duró 21 días. 5400 hombres guiados por baquianos atravesaron alturas
superiores a los 4000 metros, llevando caballos y mulas.
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